Aquella mañana se levantó tarde, en el reloj las ocho con enormes números, y recordó que entre sueños llevaba un rato escuchando la radio. Llegar tarde era lo peor que le puede pasar a una oficinista en la cuerda floja, así que se saltó completamente su ritual matutino, y salió corriendo, dejando atrás la cama revuelta, y pensando donde estaba su marido, y por qué no le había llamado a gritos, como otras veces, cuando ella se refocilaba en la cama.
En el metro una señora casi le atropella, pero no pareció inmutarse ante la mirada felina que le lanzó. Los madrileños no somos especialmente sociables los lunes por la mañana, así que simplemente decidió quedarse de pie, ya estaría suficientes horas sentada. Miró disimuladamente el periódico del hombre de al lado, tenía sed de letras, y el móvil estaba sin carga.
"Hasta hace unos años se pensaba que conseguir la invisibilidad era imposible pues la trayectoria de la luz dependía de las propiedades eléctricas y magnéticas del mismo. Sin embargo en los últimos años esta visión ha cambiado gracias a diferentes descubrimientos. Construyendo materiales artificiales, los metamateriales, estos valores sí se pueden modificar, haciendo que la luz pueda hasta rodearles ignorando que están ahí."
El hombre giró el periódico de golpe, quizá se había dado cuenta de que observaba y no quería compartir. Extraño, le había parecido bastante amable. Bueno, ya buscaría el artículo cuando llegara a la oficina. Si es que llegaba.
La invisibilidad, pensaba. Que curioso. Como cuando cenaba enfrente de Javi y miraba la tele a través de ella. Como cuando se cruzaba con los hombres por la calle, y no se giraban a mirarla como antes. Como cuando está esperando para una entrevista y la sala está llena de jóvenes licenciados en carreras que no existían cuando ella estaba en la universidad. Se dio cuenta de que en realidad era un metamaterial. La luz la rodeaba. Se quedaba en el centro esperando a que alguien la viese.
Cuando llegó a la oficina y nadie le saludó, y ni siquiera le pidieron explicaciones de por qué llegaba tarde, ella supo que era normal. Un metamaterial no merece un saludo. Enchufó el móvil a la electricidad, encendió su ordenador, tocó mecánicamente la tierra de su cactus. Seca. Como debe ser.
Tres SMS de Javi. Dos llamadas perdidas y un mensaje. "¿Dónde estabas esta mañana?"
Y ella supo que era normal. Cuando ya no se es joven, ni guapa, ni lista, ni buena en la cama, sabes que algún día, sin saber cuando, te despertarás y serás un metamaterial.
Y mirarán a través de ti. Through.
De pronto, una sonrisa pícara iluminó su cara. Quizá se estaba volviendo loca. Pero esto de la invisibilidad tenía muchas vertientes. Quizá era el momento de sacarle partido.
